Elena G. de White comenta que "las palabras son más que una indicación del carácter. Ellas tienen poder para reaccionar sobre el carácter. Los hombres son influenciados por sus propias palabras. A menudo bajo el impulso del momento, promovido por el enemigo, ellos hacen declaraciones llenas de celo o de malas conjeturas, expresando lo que ellos realmente no creen.
Pero la expresión reacciona sobre los pensamientos. Ellos son engañados por su propias palabras, y llegan a creer, que lo que dijeron bajo instigación satánica es una verdad." DA pag. 323.
De esta manera, interviene el orgullo, para mantener su posición y viene la ruina del alma. Cuan a menudo en el hogar, no expresamos palabras que realmente no queremos, en el calor de una discusión, cuando se pierde la paciencia y entonces decimos palabras que no solo ofenden a otros, sino que también se devuelven para dar mal molde a nuestro carácter.
Muy a menudo un punto de vista acariciado, no queremos ceder o abandonar tal punto de vista porque lo hemos defendido tanto, y no aceptamos que es un error, porque el orgullo nos engaña. Tal fue el caso de los príncipes del judaísmo en los tiempos de Jesús. No podían negar la evidencia del poder redentor de Cristo. Pero sus propias palabras reaccionaron contra ellos mismos y terminaron creyendo que una mentira era verdad y consecuentemente actuaron de acuerdo a sus palabras.
Ten mucho cuidado con tus palabras, ellas se devuelven contra tu carácter y pensamientos. Se cuidadoso en todo lo que expreses.



